UN RAID POR LA SIERRA DE GREDOS
Septiembre de 1.994


1 - De una idea, un proyecto 5 - Campamento en la Mira 9 - Cinco Lagunas
2 - Un plan motivado 6 - Por la cresta 10 - Y desayunamos juntos
3 - La aproximación 7 - Prao Puerto 11 - La evaluación
4 - La ascensión 8 - Comemos www.pacoflor.com




DE UNA IDEA, UN PROYECTO

---------- Corría un agosto anticiclónico allá por el noventa y cuatro y los días se sucedían uno a otro sin más. La monotonía era casi absoluta y el eterno reloj parecía dispuesto a devorar las últimas posibilidades de acción en un verano que estaba a punto de expirar. Había que hacer algo y rápido. Cinco viejos amigos conformábamos una compacta peña de carácter sano, dispuesto, atrevido y, ante todo, con unas tremendas ganas de desafiar esa molesta rutina. Sentíamos también estar poseídos por una necesidad de desahogo que, además, nuestros espíritus deportivos y ecologistas clamaban impetuosamente. Nada menos.

---------- Dispuestos a solucionar el problema, durante algunos días discutimos largo y tendido en busca de la empresa que alimentaría este voraz apetito, siendo un viaje a la sierra de Gredos, por experiencia de la mayoría, la propuesta que más prometía en este menester. Cierta noche, Javier Pérez, Carlos Reyero, Sergio Torres, mi hermano Miguel y yo, nos encontrábamos reunidos cerca de San Juan, donde tenían lugar las célebres fiestas de Moros y Cristianos. Allí, envueltos en el eufórico ambiente festero, terminamos por decidir definitivamente Gredos, oficiándolo con un animado brindis y seguido de un fuerte apretón de manos. Quedaba confirmada la inscripción en esta mágica aventura que acababa de nacer y ahora había que llevarla a cabo. Pocos días más tarde nos concentramos de nuevo para trazar un plan y resolver los últimos detalles. Tras hacer todos los cálculos necesarios y detallar el presupuesto, pusimos fecha a lo que se iba a convertir próximamente en un memorable e intenso raid sumergidos en la conocida sierra de Gredos.


Javier Pérez Miguel Flor

Carlos Reyero Sergio Torres


---------- Algunos ya habíamos estado allí y sabíamos que, a buen seguro, la experiencia nos volvería a resultar bastante grata. Gredos nos enseñó, desde la primera vez que fuimos, una nueva forma de concebir la madre naturaleza. Pues, a lo largo de sus verdes y extensos prados, salteados por las más enormes formaciones rocosas, en torno a sus cristalinas lagunas y frescos arrollos procedentes del deshielo, remontando sus escarpadas crestas o descendiendo cualquiera de sus encantadores remansos, habíamos vivido ya años atrás momentos de inolvidable buen sabor y repletos de anécdotas, que, una y otra vez nos invaden hoy la mente durante nuestras agitadas vidas en la prieta ciudad. Las inclemencias del tiempo, hasta entonces, siempre colaboraron favorablemente para determinar esta grata pasión por Gredos.

---------- Pero el final del verano era inminente y hubimos de apresurarnos antes de meternos demasiado en Septiembre. Comenzaron a aparecer las primeras borrascas otoñales y por los informes meteorológicos de televisión sabíamos que la península estaría plagada de nubes. Nada de esto nos disuadía lo más mínimo de nuestra idea de viajar a la sierra, si bien nos despertaba más un salvaje espíritu de aventura como el que debían haber tenido aquellos antiguos romanos que la atravesaron nada menos que con una empinada y serpenteante calzada. Viajeros y comerciantes, guerreros e invasores, o incluso los propios animales, tuvieron mayor o menor suerte climática cuando por algún motivo también cruzaron la sierra. A veces les acaecían días fríos, nublados o incluso nevados y se enfrentaban a ellos sin más resguardo que sus propias pieles y ropas.



Calzada romana que salva la sierra por el puerto del Pico.




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